Relato para concurso Zenda. Historia de hombres (y algunas mujeres)

En la vida todo puede cambiar en cuestión de segundos. Un día eres el hombre más feliz del mundo, con una mujer que te quiere y tres hijos maravillosos que te han dado nietos estupendos, e incluso algún bisnieto. Los has visto crecer, madurar, pelear, caer y volverse a levantar. Fueron pocas las ocasiones en las que fui yo el que lidió con esas batallas; solo era el que tenía la última palabra, pero incluso eso, era solo a veces.

Nuestra primera estrella se fue apagando durante 4 años hasta que ya no pudo más. Y tú, mi hermosa Rosalinda, en vez de caer como lo hice yo, supiste mantenerte en pie para darnos la mano y tirar de todos. De tus nietos, tanto los que entendían lo que pasaba como de los que no; de tus hijos, perdonando sus ofensas y acurrucando a los que no daban sentido a la sinrazón; y de mí, un marido derrotado que no sabía más que hacerte el café, el pan y el zumo cada mañana, y que con lágrimas en los ojos te dice cada día Rosalinda, tú nunca me dejes, que yo ya soy solo un viejo, feo y tonto.

Mientras yo me marchitaba en el ciclo de la vida, tú floreciste más. Lo vivido durante el transcurso de la historia no te hizo vacilar. La vida está para vivirla.

Creciste en una familia de cinco hermanos que han ido perdiendo la memoria hasta olvidarse incluso de ellos mismos. Perdonas los despistes, las trescientas llamadas sin razón y sigues cuidando de la pequeña, aunque no vea que tu cuerpo de 83 años no es el mismo que el de los 20.

Maduraste a mi lado, educado bajo estereotipos de patriarcado al que supiste plantarle cara, manejar y endulzar. A ti nada te para. Me enseñaste en todo este tiempo que tú tienes más valía que cualquier persona en este mundo, trabajando en la casa, cosiendo y retocando fotografías a mi lado. La dictadura, la transición, las huelgas, las luchas de derechos, el amor libre, los locos ochenta, la llegada de las nuevas tecnologías… ¡Uff! No me digas na’, eso es lo único que yo sé decir a tanto cambio, pero a ti nada te asusta. Tú no vas a pararte a ver el tiempo pasar, ni vas a sentarte a esperar que lleguen tiempos mejores, sino que vas y los buscas.

Cada día nos cuesta más mover nuestros cuerpos. No te he escuchado quejarte ni una vez. Ojalá tuviera un poquito más de ti. Ojalá mis nietas, como mis hijas antes, tengan de ti todo lo que yo veo, un alma luchadora, un alma con hambre de sabiduría, buen saber y saber estar, un alma pura.

Yo ya sabía, aquel 29 de marzo del 1958, que me casaba con una mujer maravillosa, lo que no llegué a imaginar es que me enseñarías que la evolución solo termina cuando morimos y continúa en los que quedan vivos.

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La gran mentira: Mi hij@ va a dejar de entrenar porque necesita centrarse en los estudios.

Deporte y educación van de la mano.

Tenis 2.0

Creo que la mayoría de entrenadores que estéis leyendo esto os habréis encontrado alguna vez con esta situación, padres que nos dicen: “el niño va a dejar de entrenar porque necesita centrarse en los estudios” (o cualquiera de sus variantes, “porque ha suspendido muchas y necesita más tiempo”, “porque ha bajado su rendimiento académico y le vamos a castigar sin que venga a entrenar” etc). Pues bien, para mí, esto es una de las mayores mentiras que nos podemos encontrar en cuanto al abandono deportivo, y no porque esos padres nos estén engañando a conciencia, sino porque se están auto engañando, en la mayoría de ocasiones, sin saberlo.

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Yo soy monitora

Son muchos los profesionales que nos estamos quedando en “stand by” en las aulas matinales de Andalucía porque no cumplimos los requisitos que pide el ISE para que nos contraten. No importan los años de experiencia, no importa si eres pedagogo, psicopedagogo o psicólogo, no nos vamos a incorporar, de momento, a nuestro puesto de trabajo.

Desde que inicié mi andadura por el mundo de la docencia muchos me preguntan: “Pero, si tienes publicidad ¿cómo es que eres profe?” Vengo de una familia de profesionales de la docencia, que aman y amaban a los niños (toda clase de niños) y eso tenía que pegarse por algún lado. “¿Por qué no estudiaste magisterio o INEF o Bellas Artes?” pues no sabría deciros, pero lo único que sé es que, una vez hecho el CAP que me habilitaba para ello, decidí que este era mi camino.

Las oposiciones son más que una maratón. Yo diría que es como la Carrera Africana o los 101 km. de Ronda #nevergiveup Poquito a poco lo conseguiré y, mientras tanto, disfrutaré siendo monitora (si es que me dejan).

A lo mejor no paso tanto tiempo con los alumnos como puede hacerlo su tutor, pero los cojo en los momentos más vulnerables. Cuando están cansados, cuando no tienen ganas de moverse, cuando están recién levantados de la cama o tienen hambre, etc. No seré su tutora, ni seré su madre, pero tenemos una relación de enseñanza-aprendizaje constante, pues ellos también me dan mucho a mi.

Los niños son frágiles, creativos, inocentes y deben tener una figura que les inspire, una figura que les enseñe el camino para que luego recuerden, como yo, a aquellos maestros, profesores o monitores que le marcaron de pequeños.

Simplemente por esto, merece la pena volver cada septiembre al colegio.

milapiz26